Hace poco
leí una frase que me ha hecho escribir este post “no se deja de vivir cuando se muere, se deja de vivir cuando se deja de
soñar”.
Puede que,
a veces, las adversidades en la vida nos arranquen las ganas de soñar. La
decepción, frustración o el miedo al sufrir de nuevo pueden ser algunas de las
causas.
Quizá el
error que cometemos a veces sea el enfoque que le damos. Para mí, soñar es
imaginar que las cosas son distintas a como son en la realidad, y, en mi
opinión, tenemos que utilizarlo para cambiar la realidad que no nos da la
felicidad plena.
Tras una
ruptura, por ejemplo, se puede dejar de creer en el amor y cerrarse a conocerlo
o, mejor todavía, se puede SOÑAR en encontrar a alguien que te haga avanzar
hacia adelante, en su dirección, que te dé felicidad con solamente verle
sonreír, que te bailen las rodillas cuando te bese, que te dé paz interior su
compañía…
Y es que,
¿no sería absurdo cerrarse a la felicidad por miedo? Si tiene que ser será,
todo ocurre por alguna razón, lo que no podemos dejar nunca es de soñar porque
mañana, es el sueño del presente.
Hay que
ponerle esfuerzo y alma, si lo puedes soñar, lo puedes lograr. Pon rumbo a tu
felicidad haciendo realidad tus sueños y… ¡SONRÍE MARIPOSA!

será para mejor, siempre. RECUERDA!
ResponderEliminarSiempre es para mejor... ;)
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