En mi
infancia, en el colegio, una maestra de lengua, harta de nuestras faltas de
ortografía, nos hizo aprendernos la frase “el
verbo echar lo primero que echa es la H”.
Y es que
hoy me he levantado con ganas de echar, así que junto a la “H” voy a echar a la
gente tóxica de mi alrededor, sí tóxica, esa gente que no te aporta nada
positivo en la vida, esa gente, que aún siendo inconsciente de ello, te
contagia su pensamiento negativo, su baja autoestima…
Junto a la
“H” voy a echar los malos recuerdos del pasado, solamente voy a guardar los que
me saquen una sonrisa, los que en su momento me hicieron feliz, los que sé que
me están haciendo feliz y los que me servirán para ser feliz en un futuro.
Junto a la
“H” voy a echar al capullo que no sabe convertirse en flor y a “echar” nuevas
semillas a crecer, sí, varias semillas tal vez ja ja.
Junto a la
“H” voy a echar, del orgullo y rencor, el sobrante al necesario para no herir
mi amor propio.
Y, junto a
la “H” voy a echar el miedo a desplegar mis alas y emprender el vuelo al sol.
Seguramente
mi maestra estaría orgullosa de saber que recuerdo su frase después de tantos
años y qué me ha servido hasta de reflexión.
Y es que
si te paras a pensar, no hay necesidad de retener aquello que no te aporte
felicidad, ¿para qué? La felicidad no es un destino, es un trayecto, y en el
camino de la vida tenemos que hacer un listado de las cosas inservibles.
Reflexiona,
haz tu lista, échalas con la “H” y… ¡SONRÍE MARIPOSA!

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