miércoles, 19 de diciembre de 2012

¡A VIVIR QUE SON DOS DÍAS!



Según dicen los Mayas, eso es lo que nos queda de vida… dos días. Vamos  a hacer que nos lo creemos, ¿qué pasaría si esto fuese cierto?

Seguramente aprovecharíamos para hacer todo aquello de lo que antes no teníamos tiempo o hemos dejado de lado por nuestros quehaceres diarios y obligaciones.


Nos apresuraríamos a pasar esos dos días con nuestros seres más queridos y a hacerles saber lo mucho que les queremos.

Con coraje haríamos aquello que, a pesar de ser algo que siempre hemos querido hacer, nunca hemos hecho por miedo al fracaso.

Nos sorprenderíamos en ver cómo nuestras penas más grandes se convierten en minucias de hasta las que nos reiríamos. 

Seguramente nos volveríamos más humildes y cariñosos y dejaríamos el materialismo, las penas, el orgullo y el rencor a un lado, siendo así, mejores personas.

Y mi pregunta es: ¿tiene que acabarse el mundo para convertirnos en mejores seres?

No contestéis. La respuesta es ¡NO!

Os invito a reflexionar sobre esto, y a daros cuenta, que aunque el mundo no se acabe en dos días, la vida sí que son dos días. Ninguno sabemos lo que va a durar nuestra vida, entonces, ¿porqué no ponernos manos a la obra?





Busca tiempo para hacer aquello que te apetezca y a combinarlo con tus obligaciones, en la organización está la clave.

Aprovecha cada rato que puedas para rodearte, disfrutar y dejar que disfruten de ti a tus seres queridos, y nunca dejes de hacerles saber lo que sientes por ellos.

Saca coraje y haz aquello que siempre has querido hacer.

Reflexiona sobre todo aquello que te inquieta o entristece y sobre si realmente es lo suficientemente importante, te sorprenderás al ver cómo muchas de tus inquietudes se convierten en pequeñeces.

Trata de ser mejor persona cada día, a vivir que son dos días y…¡SONRÍE MARIPOSA!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL VERBO ECHAR LO PRIMERO QUE ECHA ES LA "H"



En mi infancia, en el colegio, una maestra de lengua, harta de nuestras faltas de ortografía, nos hizo aprendernos la frase “el verbo echar lo primero que echa es la H”.

Y es que hoy me he levantado con ganas de echar, así que junto a la “H” voy a echar a la gente tóxica de mi alrededor, sí tóxica, esa gente que no te aporta nada positivo en la vida, esa gente, que aún siendo inconsciente de ello, te contagia su pensamiento negativo, su baja autoestima…

Junto a la “H” voy a echar los malos recuerdos del pasado, solamente voy a guardar los que me saquen una sonrisa, los que en su momento me hicieron feliz, los que sé que me están haciendo feliz y los que me servirán para ser feliz en un futuro.

Junto a la “H” voy a echar al capullo que no sabe convertirse en flor y a “echar” nuevas semillas a crecer, sí, varias semillas tal vez ja ja.
Junto a la “H” voy a echar, del orgullo y rencor, el sobrante al necesario para no herir mi amor propio.

Y, junto a la “H” voy a echar el miedo a desplegar mis alas y emprender el vuelo al sol.
Seguramente mi maestra estaría orgullosa de saber que recuerdo su frase después de tantos años y qué me ha servido hasta de reflexión.



Y es que si te paras a pensar, no hay necesidad de retener aquello que no te aporte felicidad, ¿para qué? La felicidad no es un destino, es un trayecto, y en el camino de la vida tenemos que hacer un listado de las cosas inservibles.

Reflexiona, haz tu lista, échalas con la “H” y… ¡SONRÍE MARIPOSA!

lunes, 10 de diciembre de 2012

NUNCA DEJES DE SOÑAR



Hace poco leí una frase que me ha hecho escribir este post “no se deja de vivir cuando se muere, se deja de vivir cuando se deja de soñar”.

Puede que, a veces, las adversidades en la vida nos arranquen las ganas de soñar. La decepción, frustración o el miedo al sufrir de nuevo pueden ser algunas de las causas.

Quizá el error que cometemos a veces sea el enfoque que le damos. Para mí, soñar es imaginar que las cosas son distintas a como son en la realidad, y, en mi opinión, tenemos que utilizarlo para cambiar la realidad que no nos da la felicidad plena.

Tras una ruptura, por ejemplo, se puede dejar de creer en el amor y cerrarse a conocerlo o, mejor todavía, se puede SOÑAR en encontrar a alguien que te haga avanzar hacia adelante, en su dirección, que te dé felicidad con solamente verle sonreír, que te bailen las rodillas cuando te bese, que te dé paz interior su compañía…



Y es que, ¿no sería absurdo cerrarse a la felicidad por miedo? Si tiene que ser será, todo ocurre por alguna razón, lo que no podemos dejar nunca es de soñar porque mañana, es el sueño del presente.

Hay que ponerle esfuerzo y alma, si lo puedes soñar, lo puedes lograr. Pon rumbo a tu felicidad haciendo realidad tus sueños y… ¡SONRÍE MARIPOSA!


miércoles, 28 de noviembre de 2012

ESAS PEQUEÑAS COSAS...



Esta vez me apetecía hablar de los “pequeños” placeres que nos da la vida.

Y es que, a veces, pasamos por alto cositas pequeñas que pueden darnos una gran felicidad.

En mi caso, he encontrado una gran felicidad en un rincón. El Rincón Montaña. Ya sé que este nombre no os dice nada, pero os contaré, es un grupo privado de Facebook creado por familiares de mi madre, en el que nos hemos reencontrado varias generaciones de la familia Montaña.

Ha sido una mezcla de descubrimiento y recuerdos que me han aportado emociones diversas… alegría, empatía, cariño, ternura, risas, melancolía, lloros… y otra vez risas!! 

Y tan solo con un “click” he llegado a este “pequeño” placer de la vida.




Si cuando nos echamos a soñar nos limitamos a hacerlo con cosas materiales, un coche de último modelo, una casa en el mar (blanca con portones azules), el viaje al continente vecino…, es entonces, cuando se pierden los “pequeños” placeres de la vida.

Y es que algunos placeres de la vida no son tangibles ni visibles, pero están ahí… En la sonrisa de tu sobrino, la felicidad de tu hermana, la ternura de tu madre, las salidas con tus amig@s, los besos, las risas, los abrazos, en las carcajadas, en el recibimiento que te hacen tus perros, las emociones que te aporta una película, las siestas en el sofá, un chapuzón en el mar, la palmadita en la espalda de tu jefe, un café en medio del frío mojando una buena magdalena, tomar el sol,… y, por supuesto, la familia. 

A todos ellos les dedico hoy este post, a la GRAN familia Montaña, y este calificativo no es por el inmenso árbol genealógico que formamos y que hasta ahora nadie ha conseguido solucionar, no, es por lo grandes que sois todos!!

Mi reflexión para hoy es darle importancia a las “pequeñas” cosas que aportan felicidad a tu vida. Aprende a reconocerlas y, ¡SONRÍE MARIPOSA!