Según dicen
los Mayas, eso es lo que nos queda de vida… dos días. Vamos a hacer que nos lo creemos, ¿qué pasaría si
esto fuese cierto?
Seguramente
aprovecharíamos para hacer todo aquello de lo que antes no teníamos tiempo o hemos
dejado de lado por nuestros quehaceres diarios y obligaciones.
Nos
apresuraríamos a pasar esos dos días con nuestros seres más queridos y a
hacerles saber lo mucho que les queremos.
Con coraje
haríamos aquello que, a pesar de ser algo que siempre hemos querido hacer,
nunca hemos hecho por miedo al fracaso.
Nos
sorprenderíamos en ver cómo nuestras penas más grandes se convierten en
minucias de hasta las que nos reiríamos.
Seguramente
nos volveríamos más humildes y cariñosos y dejaríamos el materialismo, las
penas, el orgullo y el rencor a un lado, siendo así, mejores personas.
Y mi
pregunta es: ¿tiene que acabarse el mundo para convertirnos en mejores seres?
No
contestéis. La respuesta es ¡NO!
Os invito
a reflexionar sobre esto, y a daros cuenta, que aunque el mundo no se acabe en
dos días, la vida sí que son dos días. Ninguno sabemos lo que va a durar nuestra
vida, entonces, ¿porqué no ponernos manos a la obra?
Busca
tiempo para hacer aquello que te apetezca y a combinarlo con tus obligaciones,
en la organización está la clave.
Aprovecha
cada rato que puedas para rodearte, disfrutar y dejar que disfruten de ti a tus
seres queridos, y nunca dejes de hacerles saber lo que sientes por ellos.
Saca
coraje y haz aquello que siempre has querido hacer.
Reflexiona
sobre todo aquello que te inquieta o entristece y sobre si realmente es lo
suficientemente importante, te sorprenderás al ver cómo muchas de tus
inquietudes se convierten en pequeñeces.


