No sé cómo
ni por qué, pero ocurrió, siendo franca, que suelo serlo, ni tan siquiera lo busqué,
simplemente me vino ¡chof!
De repente,
golpeando mi cabeza, iluminándome, desatando esa venda, la que pasaba por mis
ojos y se anudaba en mi nuca y no me dejaba ver la realidad, tan solo ese
momento lo cambió todo, fue un momento de lucidez…
Y de
repente tenía claro que no andaba en la dirección adecuada, que el fin de ese
camino no era mi felicidad, y me di la vuelta con la misma rapidez de tan solo
ese momento.
No hay nada que te haga sentir mejor que saber
que lo que has hecho es lo correcto, porque sabes que todo volverá a la
normalidad y conoces el fin del camino, tu propia felicidad.
Y digo el fin, y no el final, porque la felicidad
es un camino a transcurrir, no un destino, y somos nosotros mismos los que, a
través de nuestro cerebro, enviamos órdenes a nuestros píes para seguir en éste
y no desviarnos.
Todavía recuerdo la pregunta de mi hermana “¿pero
qué ha sido lo que te ha hecho cambiar?” No lo sabía entonces, pero ahora sé
que fue tan solo ese momento de lucidez, y supe aprovecharlo girando sobre mis
pies.
Con esto he aprendido que no es lo que ocurre lo
que me hace feliz, sino la interpretación que yo le doy a lo que ocurre lo que
genera mis emociones, y, si cambio lo que pienso y aprendo nuevas formas de
hacer las cosas, no hay nada que me impida hacer algo.
Así comenzó mi metamorfosis y, aunque me siento
mariposa, sigo en continua evolución.
Estate atenta, aprovecha tan solo ese momento y…
¡SONRIE MARIPOSA!
